
3 July 2009
Marcas icónicas
Image courtesy of Harley-Davidson.com.
Vivimos rodeados de marcas. Demasiadas marcas. Mi compañero y amigo Andrew, en el que me inspiro para esta columna, ante la duda siempre dice: “El mundo no necesita una nueva marca.” Entre este gran universo de marcas, a algunas las apreciamos, a otras las ignoramos, y realmente muy pocas pasar a ser una parte importante de nuestras vidas. Hay estudios que demuestran que el número de marcas con las que mantenemos un vínculo verdadero se reduce con la edad. Algunas marcas consiguen llegar al Olimpo, y se convierten en marcas icónicas.
No creo que se pueda planificar la construcción de una marca icónica, al igual que no se puede controlar la fabricación de una estrella del rock. Se puede intentar pero hay una parte del proceso que se nos escapa.
Las marcas icónicas generan tal veneración que muchos llegan a tatuárselas. Hablando de tatuajes, hablaré de dos marcas icónicas con las que se bromea en la película Wild Hogs (Cerdos Salvajes). Cuando el informático-motero Dudley (William H. Macy) antes de su aventura motera enseña su tatuaje, éste no es de Harley Davidson como se espera, sino el antiguo símbolo de Apple.
Estas dos marcas son un ejemplo del gran valor económico que genera una marca icónica. Todos sabemos cuánto vale un portátil de Apple, y cuántos se tatuarían la marca Dell. Quizá Michael Dell?
Pero sobre todo fíjense en Harley Davidson. Gracias a su programa de actividades del “Harley Owners Group” (de ahí HOG, o “cerdo”) consiguió convertirse en un icono. Hace poco tuve la oportunidad de probar durante dos días (y gratis) una Harley. Ninguna otra marca da tantas facilidades. Nunca me había planteado comprar nada parecido. La moto frena poco, acelera la mitad que mi BMW, tiene muy poca estabilidad, pesa como un muerto…pero es preciosa y suena como los ángeles (¿del infierno?). Las Harleys son muchísimo más caras que cualquier otra custom parecida. Y seguramente son funcionalmente peores. Pero eso no importa. Las mejores marcas son emocionales ya lo saben. La diferencia del precio es el precio de la autenticidad. Y me muero por una.
