
4 September 2009
Depresión postvacacional y presión vacacional
Escribo estas líneas en la semana en la que los telediarios, que no suelen tener demasiadas noticias se dedican a recordarnos la cantidad de gente que sufre con la vuelta al trabajo, y cómo evitar el choque brusco con la realidad.
En lo que a nosotros respecta la vuelta es especialmente delicada. Casi todos los años, a finales de Julio—con este ya son tres consecutivos—llega algún cliente potencial y nos convoca a un concurso remunerado (la mayoría de las veces de manera simbólica) que requiere solucionar un serio problema, para presentar en Septiembre. Espero que no me malinterpreten, hay todavía quien remunera decentemente los concursos y pide cosas razonables, pero son los menos. Los otros se van de vacaciones y nos dejan con el problema.
Esta práctica hace que nuestras vacaciones impidan la desconexión con el trabajo. A los proyectos que ya estaban en marcha se une uno nuevo en el que hay que dar ideas casi al azar (ya que no podemos trabajarlas con el cliente), con la más de la mitad de los recursos fuera de la oficina.
Realmente yo ya no se en que idioma evangelizar sobre la mejor forma de trabajar la marca. Nosotros damos lo máximo dadas las circunstancias. Pero no se puede pedir lo imposible. Durante el año los clientes tardan siglos en tomar una decisión para seleccionarnos. Y a partir de entonces los proyectos van contrarreloj. Para poder llevar ese ritmo necesitamos descansar.
Pero también es verdad que fuera de la oficina se piensa mejor. Creo que deberíamos fomentar (y exigir a los clientes que lo comprendan y paguen adecuadamente) los procesos creativos con tiempo suficiente y en entornos más inspiradores. Hace poco se me criticó en un cliente la sinceridad con la que reconocí que la propuesta creativa que habían seleccionado, se me ocurrió en el AVE. Eso les pareció poco serio. Quizá creyeron que los procesos creativos se desarrollan de 9 a 17h de lunes a viernes. Eso solo demuestra que pensamos en los clientes en todo momento, y eso no se nos valora. Si Arquímedes se inspiró en una bañera y logró tal impacto, imagínense lo que se nos puede ocurrir buceando en Maldivas.
